El mundo se ha quemado
en mi cigarro diario.
Me deja girando
en un planeta inventado.
Tocan las campanas
de iglesias desmembradas
con sinagogas urañas,
con mezquitas de grava.
De ahí se crea la rima
vagabunda entre mis manos
soeces en las esquinas,
dubitativos planos.
Sombras libres de seseo
sembradas sobre simas
que gimen juncos de genteo
por guitarras de ira.
Felipo el del Calipo
viernes 23 de enero de 2009
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