Al habla la bombilla.
- ¡Sí, señor!
- Esta mañana la golondrina
me dejó mal afeitada la barbilla,
¡y se lo haré pagar con dolor!
- ¡Sí, señor!
- ¡Coged el látigo de cristal estelar!
- ¡Se lo haremos pagar!
Y cogieron al camaleón gigante
(muy bien amaestrado)
y la cuerda de cien lapas.
Tras haber bien buscado
se la encontraron nadando
en el lago de las palabras.
- ¡Detente, pájaro desafeitante!
Y tras haberla prendido
se la llevaron al muro perdido.
Con los zafiros hablando
en tono aguamarina
se defendió la golondrina.
- No quise mal a la bombilla,
¡pero su barbilla no se puede afeitar!
- Calla, chiquilla,
que con el látigo te vamos a ajusticiar.
Uno extendió el brazo armado
dispuesto a hacer del suelo un charco de rubíes.
Se paró a conjurar:
- Este brazo no lo bajo
si es verdad lo que me dices.
- Capitán,
¡Son órdenes de arriba!
Lo que dice nuestra señora y amiga
bien vale de la golondrina una herida.
Relevado al defensor
y puesto como al ajeno,
el sargento armó
y golpeó a destiempo.
La dolorida se marchó temblado
con la fuerza de un vuelo roto;
se prometió jamás ayudar a un tirano
que gobierna con mano de oro.
Felipo el del Calipo
miércoles 21 de enero de 2009
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